¿Tu primer mes de Entrenamiento? 8 tips para garantizar resultados

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Se acerca el verano, viene el matrimonio de tu hermana, tu novia regresa de intercambio, te vas de vacaciones al caribe… y sientes que NECESITAS bajar de peso, reducir medidas, estar “maceta”, entrar en un vestido que compraste 2 tallas más chico, etc.

Ante el evidente problema, recurres al gimnasio o centro de entrenamiento más cercano, te ofrecen una promoción buenísima y no lo piensas dos veces: tienes una meta y el ejercicio te ayudará a conseguirla, la tienes clarísima.

Viene el día 1, conoces a tu coach y le cuentas sobre tu objetivo a corto plazo: tienes que bajar X kilos en 2 meses, ¡MANOS A LA OBRA!

Tu primer día saliste muerto, fue un entrenamiento súper intenso, terminaste empapado y casi no puedes caminar del cansancio… entonces piensas: ¡QUÉ BUEN ENTRENAMIENTO! Regresas motivadísimo el segundo día, el tercero, el cuarto y tu coach sigue motivándote; comienzas a poner más platos en la barra, mancuernas más grandes y pesadas, te das cuenta que eres más fuerte y resistente de lo que creías y tu coach sigue ahí contigo, gritando ¡TÚ PUEDES! ¡UNA MÁS!

Entonces se pasa el primer mes y te das cuenta que tienes algunos dolores de rodilla, espalda u hombros, pero no les das importancia, ¿total? estás cada vez más cerca de tu objetivo. Todo parece estar de maravilla hasta que un día haciendo squats la molestia es mayor, le cuentas a tu coach y te dice que te pongas hielo en la zona afectada y que descanses dos días y se pasará. Efectivamente, a los dos días ya no sientes molestias y vuelves al entrenamiento listo para exigirte al máximo cuando de pronto… un dolor muy fuerte en la zona afectada, caminas con dificultad y te ves obligado a dejar tu sesión de entrenamiento a medias. Resulta ser que la lesión es mucho más grave de lo que piensas, el doctor indica que tienes que suspender el entrenamiento y evaluar una posible operación para que puedas volver a caminar sin dolor. Entonces comienzas a subir de peso nuevamente, pesas más de lo que pesabas antes de comenzar a entrenar y no tienes manera de ejercitarte por el agudo dolor. Es ahí cuando te das cuenta de que no alcanzarás tu objetivo y que probablemente pasen varios meses más hasta que puedas moverte sin dolor, entonces piensas: ¿¡Qué hice mal!?

En primer lugar, no está mal querer vernos mejor. Está bien que busquemos reducir medidas, mejorar nuestra composición corporal, oxidar grasas y subir músculo, todo esto está bien. Pero hay factores clave que debes tomar en cuenta antes de enfocarte en estos resultados estéticos. Factores que comprometen y restringen tu capacidad de movimiento, que llevan a tener una mala postura y que son generados por el ritmo de vida que llevamos, el uso excesivo del celular, el estar sentado tanto tiempo, entre otros. Estas acciones, o más precisamente “inacciones”, producen acortamientos y disfunciones musculares que deben ser tratados de manera previa al entrenamiento intenso. De otra manera, sólo conseguiremos empeorar estas disfunciones y las convertiremos en lesiones que nos dejarán inactivos por mucho tiempo.

Acá va una lista de tips que debes tomar en cuenta en tus primeros meses de entrenamiento para garantizar que este sea realmente funcional, que mejores el movimiento y consigas los resultados estéticos que buscas de la manera más segura y duradera.

  1. Enfócate en mejorar tu FLEXIBILIDAD antes que nada. Busca flexibilizar los hombros y pectorales, la columna, los flexores de cadera, isquiotibiales y tobillos. Esto mejorará tu movilidad y ayudará a que incrementes la fuerza más rápidamente y de forma más segura.

  1. Enfócate en lograr la mayor alineación posible en cada ejercicio, obsesiónate con corregir tu técnica una y otra vez. Pídele a tu coach que te corrija hasta el mínimo detalle en cada uno de los ejercicios. Eso educará al cerebro y el sistema neuromuscular a que siga patrones de movimiento correctos aunque incrementes el peso, la velocidad o la dificultad del ejercicio.

  1. Haz un buen calentamiento antes de entrenar, enfócate en mover bien todas las articulaciones y haz ejercicios que preparen el cuerpo para lo que le vas a exigir.
  2. Fortalece el El núcleo es el encargado de proteger la columna, brindar estabilidad, transmitir energía entre el tren superior y el inferior, entre otras funciones no menos importantes. Contrario a lo que se piensa, hacer el típico crunch abdominal no lo fortalecerá de manera adecuada porque sólo trabaja la musculatura externa, trabajar un plank o sus variantes harán que tengas un core mucho más fuerte y funcional.
  3. ¡Enfócate en objetivos reales, no en resultados! Ponte metas que mejoren tu movimiento como por ejemplo, hacer más pull ups, lograr hacer un muscle up, conseguir una sentadilla profunda, mejorar tu flexibilidad en alguna zona en específico, etc. Bajar de peso, oxidar grasas y subir masa muscular son resultados que llegarán indudablemente si entrenas de manera consciente y enfocada, además de tener buenos hábitos alimenticios.
  4. Olvídate del kipping, el número de repeticiones, la velocidad y el tiempo en que terminas un W.O.D. Primero concéntrate en CONTROLAR los movimientos de manera lenta y pausada, eso te ayudará a mejorar tu técnica, tu movilidad e incrementar tu fuerza y conseguir control corporal.
  5. Escucha a tu cuerpo. Presta atención a los detalles y las molestias que puedas sentir, no los ignores y concéntrate en corregirlos desde el día 1.
  6. ¡Sé paciente! Los resultados llegarán si eres constante y enfocado. No hay recetas mágicas, sólo esfuerzo, dedicación y constancia. Los resultados consistentes toman tiempo, vale más enfocarse en fortalecer la estructura para luego incrementar la intensidad que hacerlo al revés. Evita las lesiones, lo único que consigues con ellas es retrasar o truncar tu desarrollo.

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